Rezension über:

Irene J.F. de Jong / René Nünlist / Angus Bowie (eds.): Narrators, Narratees, and Narratives in Ancient Greek Literature. Studies in Ancient Greek Narrative. Vol. 1 (= Mnemosyne. Supplementa; Vol. 257), Leiden / Boston: Brill 2004, xviii + 583 S., ISBN 978-90-04-13927-5, EUR 158,00
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Rezension von:
Claudia N. Fernández
Instituto de Filología Clásica, Universidad Nacional de La Plata
Redaktionelle Betreuung:
Sabine Panzram
Empfohlene Zitierweise:
Claudia N. Fernández: Rezension von: Irene J.F. de Jong / René Nünlist / Angus Bowie (eds.): Narrators, Narratees, and Narratives in Ancient Greek Literature. Studies in Ancient Greek Narrative. Vol. 1, Leiden / Boston: Brill 2004, in: sehepunkte 6 (2006), Nr. 7/8 [15.07.2006], URL: http://www.sehepunkte.de
/2006/07/9381.html


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Irene J.F. de Jong / René Nünlist / Angus Bowie (eds.): Narrators, Narratees, and Narratives in Ancient Greek Literature

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Irene de Jong ha sido una pionera en la aplicación de la moderna teoría literaria al análisis de textos antiguos - particularmente en la aplicación del enfoque narratológico a variadas obras de la literatura griega antigua. [1] Fiel a este modelo metodológico de análisis literario, convoca, para el presente volumen, a un número considerable de prestigiosos clasicistas, a fin de inaugurar una colección de estudios críticos que dé forma a una historia de la narrativa en la Antigüedad Griega. Codirigen esta edición Angus Bowie y René Nünlist; este último junto con de Jong serán los responsables de la totalidad de la serie, titulada Studies in Ancient Greek Narrative. El carácter inaugural del volumen explica sin duda su claro intento por abarcar un corpus masivo de textos, lo que se hace tangible en el elevado número de capítulos, un total de cuarenta, agrupados en nueve apartados, los que nuclean autores identificados por el tipo de género cultivado: esto es, épica y elegía, historiografía, lírica coral, drama, oratoria, filosofía, biografía, retórica [2] y novela. El ordenamiento de los capítulos, por su parte, es estrictamente cronológico y cubre una progresión temporal significativa. Valga como ejemplo el apartado sobre el género historiográfico, que a lo largo de ocho capítulos transita desde los exponentes fundacionales, como Heródoto (s. V a.C.), para concluir con Herodiano (s. II d.C.), pasando por Tucídides, Jenofonte, Polibio, Arriano, Appiano y Cassio Dio.

Los capítulos están precedidos por un breve pero completo "Glosario", que compendia la jerga técnica específica de la teoría narratológica, y una "Introducción" debida a la propia de Jong, de tono explicativo, donde los conceptos que dan título al libro - 'narrador', 'narratario' y 'narrativa' - son definidos, evaluados y sistematizados, siempre dentro del marco de la narratología, recordemos, una modalidad teórica crítica de sesgo estructuralista, y por ello también poseedora de todas las limitaciones que los detractores del estructuralismo supieron enumerar, principalmente la de considerar el texto como una totalidad autosuficiente, e ignorar el contexto. En esta "Introducción" se mencionan los teóricos más representativos de la narratología, como Gérard Genette, Mikie Bal, Franz Karl Stanzel, Philippe Hamon, entre los más citados. Pero la autora también aporta lo suyo a cuestiones de índole teórica, sobre todo en lo concerniente a las clasificaciones de narradores o narratarios, reelaborando las propuestas que le preceden. De Jong pone de relieve el papel crucial del narrador en la definición misma del género narrativo y la distancia existente entre autor y narrador, entidades claramente diferenciadas. Estas páginas introductorias sellan el sesgo de análisis de los capítulos venideros y determinan su patrón estructural: una tipología de los narradores y narratarios, ejemplificada en los textos más representativos del autor.

Efectivamente una rigurosa homogeneidad en la estructuración y temática de los capítulos informa de los lindes pautados en el análisis. Muy probablemente con menos restricciones metodológicas -como el rechazo explícito de los conceptos de autor 'implícito' o autor 'ideal', por citar un dato-, se hubiera arribado a conclusiones menos limitadas y, en algunos casos, más relevantes. Es cierto que algunos autores parecen adecuarse mejor a un abordaje de este tipo. Estamos pensando en Calímaco (Capítulo 5) o Teócrito (Capítulo 6), por ejemplo, estudiados por Annette Harder y Richard Hunter, respectivamente. Se trata de poetas eruditos del Helenismo que concientemente experimentaron con la narración, con la clara intencionalidad de alcanzar un sitial elevado en el canon literario. Representan ambos, pues, un grado 'avanzado' en la historia de la narrativa griega: formas narrativas nuevas, narradores creativos, búsqueda de la sofisticación.

Por otra parte, algunos ensayos se destacan por un aprovechamiento más integral del modelo teórico, o por un abordaje más original y más amplio. En ese sentido merece especial mención el capítulo de Nick Lowe dedicado a Eurípides (Capítulo 18), a nuestro modo de ver, uno de los mejores del libro. Lowe ya había escrito un libro sobre narrativa y podría por ello considerarse un experto en el tema. [3] Esto se trasluce en sus precisiones teóricas que preceden el análisis literario propiamente dicho, donde sienta las bases de su objeto de estudio, es decir, la narrativa trágica euripidea. Sintetiza lo que serán los rasgos más significativos de esta narrativa: su carácter enmarcado ("embedded narrative"), el papel mediador de la narración para llevar a escena toda acción significativa, y llama la atención sobre la exploración que el drama trágico hace sobre las fronteras entre la narración y las modalidades vecinas del discurso narrativo, como mostrar o argumentar. Lowe pone en evidencia el modo en que las figuras del teatro de Eurípides, aunque marginales a las estructuras de poder del drama, hacen uso de su facultad de narración. La originalidad del capítulo se deja ver en la disposición novedosa del mismo, organizado según las cinco formas narrativas principales de la tragedia de Eurípides: prólogos, odas, episodios, agones y éxodo.

También el ensayo de Angus Bowie sobre Aristófanes (Capítulo 19) sabe compendiar los rasgos más peculiares de la narrativa cómica. La dificultad primera yace en determinar los límites de una narración que muy difícilmente se encuentra sin interrupciones. Quedan destacados entonces los ejemplos de narraciones más o menos extensas en Aristófanes, o el carácter excepcional de algunos relatos, como el de Mnesíloco acerca de su pasado como mujer (Thesmoforiantes), único ejemplo de narrativa falaz, al modo de lo que puede encontrarse en Sófocles. En una selección de los capítulos más interesantes, incluiríamos el trabajo de Christopher Pelling, dedicado a Plutarco (Capítulo 31), sobre todo por lo que respecta al examen de los narratarios, y los capítulos sobre la novela, todo ellos responsabilidad de John Morgan (Capítulos 36-40).

El "Epílogo" está a cargo de de Jong y de Nünlist y es el momento de las conclusiones, la mayor parte de ellas de carácter cuantitativo basadas en registros de frecuencia. A partir de datos tales se concluye que, por regla general, no existe una correspondencia directa entre género y tipo de narrador. Por el contrario, las preferencias por una determinada clase de narrador mostrarían parentescos entre géneros en apariencia distantes, lo que nos permitiría por tanto trazar relaciones diversas a las genéricas. El tipo de narrador prevaleciente en el conjunto de los géneros, es el externo y manifiesto ('overt'); entre los narratarios primarios, en cambio, los más frecuentes son los encubiertos ('covert') y anónimos, y podría este hecho tener relación con la efectiva presencia física de la audiencia en los tiempos primeros. Se percibe el afán por dejar bien en claro que en el trazado de esta historia de la narrativa griega no se ha pretendido ilustrar el derrotero de un progreso o una declinación. En efecto, es imposible deducir de ella un proceso de refinamiento narrativo a través del tiempo, aunque sí es posible hablar de una tendencia a la experimentación y, a nivel conceptual, de una suerte de problematización de la omnisciencia del narrador y de la autoridad narrativa.

Cierra el volumen un listado bibliográfico y un índice temático restringido a las cuestiones narratológicas más importantes. No es un libro, y esto es fácil de ver, que esté pensado para ser leído de principio a fin. Aun así, en todo él se percibe la pretensión por establecer vinculaciones y parentescos entre los modos de narrar, inclusive en autores y géneros diversos, y es común encontrar explícitas alusiones intratextuales, lo que redunda a favor de otorgar unidad a un volumen tan extenso, a pesar de la autoría colectiva y la diversidad de obras analizadas. La consulta sobre algún autor griego en particular, de acuerdo con los intereses de estudio, permitirá encontrar las informaciones básicas sobre los tópicos que se apuntan en el título, vale decir, se hallará una apretada introducción al tema, de valiosa ayuda. Los detalles, los análisis más exhaustivos, deberán buscarse por fuera de esta publicación, en los trabajos individuales de cada uno de los especialistas. Es bienvenida la promesa de futuros volúmenes que profundicen aspectos tangencialmente abordados o ignorados en el presente libro - como la descripción o el discurso.


Notas:

[1] Baste mencionar los libros de su autoría: Narrators and Focalizers. The Presentation of the Story in the Iliad, Amsterdam 1987; Narrative in Drama: the Art of the Euripidean Messenger-Speech, Leiden 1991; y A Narratological Commentary on the Odyssey, Cambridge 2001. Con John Sullivan fue editora de Modern Critical Theory & Classical Literature, Leiden 1994.

[2] En realidad el apartado se titula "Entre la filosofía y la retórica", y en él se incluye a Luciano, por ejemplo.

[3] Nos referimos a The Classical Plot and the Invention of Western Narrative, Cambridge 2000.

Claudia N. Fernández